Camino Aragonés
El Camino Aragonés entra por el otro paso, el oriental. Mientras Roncesvalles ofrece a los peregrinos venidos del norte francés un puerto bajo y una abadía cisterciense, Somport propone una altura de mil seiscientos metros y la huella de un viejo paso romano —la Summum Portum, cuya calzada todavía cruza el collado bajo la nieve—. La ruta baja por el río Aragón hasta Jaca, capital del primer condado y luego del primer reino, y prosigue por Sangüesa, Lumbier, Eunate y Obanos hasta confluir con el Camino Francés en Puente la Reina. Es la ruta del Aragón histórico, anterior al reino: la que fundó San Juan de la Peña, la que erigió la catedral románica de Jaca a mediados del siglo XI, la que llevó a Sancho Ramírez a hacer voto al Apóstol y peregrinar a Compostela. Donde el Francés es ya, en sus primeros kilómetros, una autopista litúrgica europea, el Aragonés conserva el silencio de los valles altos y la huella de los pueblos vaciados por el embalse de Yesa.
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Síncopa románica del sintagma latino Summum Portum (“el puerto más alto”), aplicado por los itinerarios romanos para distinguir este collado pirenaico —1.640 metros, paso practicable en carro— de los puertos menores de los valles vecinos. El nombre se documenta como Summo Portu en el siglo IX y evoluciona por aglutinación a Sompuerto, Sompuert y finalmente Somport, conservando ambos elementos fusionados en una sola palabra.
Sintagma latino aglutinado Campum Francorum (“campo de los francos”), denominación medieval del llano que se abría inmediatamente al sur del puerto de Somport y servía de zona de tregua y comercio entre francos y aragoneses. La aglutinación de los dos elementos en una sola palabra es del siglo XII; antes se documenta separado como Campo de Francos y Campo Franco.
Compuesto románico transparente Villa Nova (“villa nueva”), con la peculiaridad fonética aragonesa de conservar la -a final átona y de acentuar la sílaba penúltima como aguda —Villa-nóva > Villanúa—. Designó la fundación tardomedieval del actual núcleo, repoblamiento del siglo XI sobre un pequeño asentamiento previo del valle.
Compuesto bimembre. Castiello es la forma aragonesa del latín castellum (“fortaleza pequeña, castillo”), con la diptongación e > ie característica de la lengua aragonesa, paralela al castellano castillo pero con conservación del grupo -ll- sin palatalización plena. De Jaca es genitivo locativo que vincula la fortaleza al señorío de la cercana ciudad episcopal y la distingue de otros muchos Castiellos del Alto Aragón.
Topónimo vasco-prerromano de etimología discutida. La hipótesis con más apoyo lo deriva del antropónimo aquitano Aratoris (atestiguado en epigrafía romana del Pirineo) con sufijo locativo -és característico del aragonés montañoso. Designa la pequeña aldea del valle alto del Aragón entre Castiello de Jaca y Jaca.
Topónimo prerromano de origen ibero o vascón. La forma Iaca aparece ya en el siglo I a.C. en los textos de Estrabón y de Plinio el Viejo como nombre de la civitas capital del pueblo de los Iaccetani (Iacetanos), descritos por Estrabón como uno de los grupos vascones-ibéricos del Pirineo central. La raíz iak- o iac- no se ha podido vincular con certeza a ningún término léxico vasco moderno, pero la concentración de topónimos pirenaicos en iaca- e iaco- sugiere un sustrato prerromano homogéneo.
Topónimo de probable origen vasco-prerromano. La hipótesis con más apoyo lo deriva de la base aquitana atar- (de ate, “puerta, paso”) con sufijo locativo -és, designando “lugar del paso” o “puerta del valle”, descripción que se ajusta a la posición geográfica de la aldea entre el valle del Aragón y la depresión de Jaca.
Hagiotopónimo formado por Sancta Caecilia (“Santa Cecilia”), advocación romana muy difundida en la repoblación pirenaica, más el genitivo locativo de Jaca que sitúa el lugar bajo el señorío de la cabecera comarcal. La forma Cilia, propia del aragonés medieval, mantiene la pronunciación palatalizada de Caecilia sin la diptongación que el castellano impuso en Cecilia.
Compuesto trimembre. Santa Cruz es advocación cristiana (latín Sancta Crux); de la Serós deriva del latín sororum (“de las hermanas”), genitivo plural de soror (“hermana”). La forma popular Serós aragonesa nombra colectivamente a las monjas del antiguo monasterio benedictino femenino del lugar, cuya iglesia románica de Santa María, del siglo XI, dio nombre a todo el conjunto.
Topónimo prerromano de filiación celta. La hipótesis con más apoyo —Joaquín Gorrochategui— lo deriva del compuesto celta *berr-dunum (“fortaleza alta”), del lexema berr (“corto, alto”) más *dunon (“fortaleza, ciudadela”). Cognado con otros topónimos celtas europeos: Verdun (Francia), Verdun-sur-le-Doubs.
Topónimo de probable origen vasco-prerromano, vinculado al sustrato pirenaico previo a la romanización. La hipótesis filológica más sostenida lo deriva del vasco harri (“piedra, roca”) con sufijo locativo -tz/-es, dando aproximadamente harritze > arrés con el sentido de “lugar pedregoso, pedrera”. La descripción se ajusta al emplazamiento del pueblo: peñascal aislado sobre el valle del Aragón, dominado por afloramientos calcáreos.
Topónimo prerromano de etimología discutida. La hipótesis con más apoyo lo deriva de una base ibero-vasca *rost- o *rust- con valor de “peñasco, ladera rocosa”, presente también en topónimos como Rusticán, Rostán, Rosta, distribuidos por el Pirineo central y prepirineo. Otros autores proponen un origen prelatino vinculado al término aragonés ruesta (“pendiente, cuesta empinada”), descriptivo del emplazamiento del pueblo sobre la ladera sur de la Sierra de Peña.
Compuesto bimembre. Undués, de probable origen vasco-prerromano undatze (“lugar de aguas, manantial”), del lexema unda o uhar (“agua, corriente”) más sufijo locativo -tze. De Lerda, locativo que distingue este Undués de otro Undués pirenaico (Undués Pintano) por referencia al lugar contiguo de Lerda, antiguo término asociado.
Topónimo vasco-prerromano transparente. Artieda deriva del compuesto vasco arte (“encina, carrasca”) más sufijo locativo -eta (“lugar de”), designando “encinar, lugar de encinas”. El topónimo, atestiguado desde el siglo X, describe la formación vegetal característica del paisaje original del lugar antes del embalse de Yesa.
Topónimo de etimología discutida. La hipótesis filológica con más apoyo —Mitxelena, Salaberri— lo deriva del vasco antiguo zangoza (“lugar de pies, encrucijada de caminos”), del lexema zango (“pie, base, fundamento”) más sufijo locativo, descripción que se ajusta al emplazamiento histórico de la villa en la confluencia de las vías del Pirineo y del valle del Aragón.
Topónimo antroponímico latino. Liédena deriva del cognomen romano Laetinius con sufijo locativo -ana (latín villa Laetiniana, “villa de Laetinio”), modelo compositivo característico de las villas hispanorromanas. La denominación fija fonéticamente la pronunciación medieval con diptongación ie.
Topónimo vasco prerromano transparente Ilunberri, compuesto por ilun (“oscuro, sombrío”) y berri (“nuevo”), con el sentido de “lugar nuevo del valle umbrío” o, según interpretación alternativa, “población nueva” —iri (“ciudad”) más berri—. La forma Ilumberri está atestiguada en monedas celtibéricas y en inscripciones latinas como nombre de la civitas indígena previa a la romanización; Lumbier es su evolución romance con pérdida de la i- inicial y simplificación del grupo -nb-.
Topónimo vasco-prerromano de etimología discutida. La hipótesis con más apoyo —Patxi Salaberri— lo deriva de la base vasca itz- (“pico, cresta, altura aguda”) con sufijo apocopado, descriptivo de la posición elevada de la aldea sobre el cerro de Izco a 870 metros.
Composición románica transparente Mons Regalis (“monte real, monte del rey”), aplicada al cerro fortificado al pie del cual creció la villa por iniciativa de la Corona navarra. La fundación es del rey Sancho VII el Fuerte hacia 1198, en el lugar de un asentamiento previo conocido como Elo, topónimo vasco-prerromano de etimología discutida.
Compuesto trimembre. Salinas, del latín salina, “lugar de extracción de sal”, refiere a las antiguas salinas continentales del lugar, explotadas desde la prehistoria reciente. De Ibargoiti es topónimo vasco-prerromano compuesto: ibar (“valle, vega fluvial”) más goiti (“alto, superior”), designando el valle alto del río Elorz.
Topónimo de etimología discutida. La hipótesis con más apoyo —Mitxelena, Salaberri— lo deriva del vasco antiguo teba o tepa (“loma, altozano, terreno suavemente elevado”) con sufijo plural romance -as, designando las elevaciones suaves sobre las que se asienta el núcleo. La forma medieval Thebas sugiere una pronunciación con aspiración inicial que el romance navarro perdió.
Antroponímico derivado del nombre germánico Henricus (latinización del fráncico Haimirich, “príncipe del hogar”, de haim “casa” y rich “poderoso”), adaptado al vasco antiguo con sufijo locativo -itz dando Eneritz, “lugar de Enrique”. Designa un asentamiento medieval fundado o ligado a un personaje llamado Enrique, probablemente un señor feudal del siglo XII.
Del vasco ehun ate “cien puertas”, en referencia a las cien arcadas que conforman el claustro octogonal exterior de la iglesia de Santa María de Eunate — singular templo románico del siglo XII vinculado a la Orden del Temple o del Hospital.
Topónimo prerromano de origen opaco. La onomástica navarra contemporánea lo clasifica como vasco-aquitano de significado perdido, con paralelos en topónimos pirenaicos de la misma franja. Documentado como Obanos ya en el siglo XII, sin formas más antiguas que permitan reconstruir la base original.
“Puente de la Reina”, en referencia al puente románico del siglo XI mandado construir por una de las reinas navarras —tradicionalmente atribuido a doña Mayor de Castilla, esposa de Sancho III, o a doña Estefanía, esposa de García Sánchez III—. El nombre vasco coexistente, Gares, es de etimología disputada.
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