Camino de Invierno
El Camino de Invierno es el que eligieron los que sabían leer el cielo. Mientras el Francés corona O Cebreiro y se expone a la nieve, este desciende por el cañón del Sil, donde el río ha cavado durante millones de años el tajo más profundo de la Península.
Pasa junto a Las Médulas, la montaña que Roma deshizo con agua para arrancarle el oro, y entra en la Ribeira Sacra, la ladera de viñas colgadas y monasterios que dan nombre a la tierra: rivoira sacrata, la orilla de los cenobios. Sigue el Sil hasta Monforte de Lemos, cruza a la cuenca del Miño y alcanza en Lalín el Camino Sanabrés, con el que comparte las últimas jornadas hasta Santiago.
Es el camino del vino y de la pizarra, del agua que talla la roca y del peregrino que prefirió el valle a la cumbre. Doscientos treinta kilómetros que la Oficina del Peregrino reconoce como ruta jacobea propia, y que fueron durante siglos el paso lógico del invierno: no un atajo, sino la elección de quien no quería jugarse el pie en la nieve.
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Del latín Pons Ferrata «puente de hierro», en referencia al puente sobre el río Sil reforzado con bandas de hierro por orden del obispo Osmundo de Astorga en el siglo XI para asegurar el paso de los peregrinos.
De etimología no resuelta. El elemento seguro es el sufijo -anza (del latín -antia), un formante prerromano abundante en la toponimia del noroeste; el radical Priar- sigue sin explicación firme.
De etimología discutida. La lectura más sostenida la liga al latín meta / metula «montón cónico» —de donde el gallego meda, almiar—, por los picachos que dejó la mina; otras la remiten a medulla «meollo», el interior vaciado del monte, o al Mons Medullius de las guerras astures.
Del latín pontem «puente» —por el puente de piedra sobre el río Cabrera que originó el pueblo en el siglo XIII— seguido del antropónimo Domingo Flórez, del linaje Flórez, «hijo de Froila».
Barco tiene doble lectura —del prerromano *barc- «hondonada» o del apelativo barca, por el paso sobre el Sil—; Valdeorras no es «valle del oro», sino «valle de los gigurros», el pueblo astur que Plinio llamó Gigurri.
Del latín Villa Martini «la villa —la explotación rural— de Martín», sobre el antropónimo Martinus; el añadido de Valdeorras lo sitúa en el valle de los gigurros y lo distingue de otros Vilamartín.
Del latín ruga —«surco, pliegue» y, en el latín tardío, «calle, vía»—: el pueblo nacido a lo largo del camino. La misma palabra da el gallego y el portugués rúa y el italiano ruga.
De origen disputado: de un antropónimo latino Petinius —la finca de un tal Petinio— o de una referencia a «piedra clavada», mojón o miliario de la vía romana. Ninguna lectura tiene consenso.
Compuesto transparente: el gallego monte furado «monte horadado», del latín montem foratum. El nombre es literal: un túnel romano perfora la montaña para desviar el Sil y sacarle el oro.
De etimología debatida: del gallego queiruga / queiroga «brezo» —un lugar de brezales— o de una base prerromana, quizá hidronímica, que las formas más antiguas parecen pedir.
Pobra, del latín populare «poblar, fundar una puebla», recuerda una fundación medieval por carta de población; Brollón remonta al antropónimo Braulione, atestiguado ya en 1050.
Del latín Mons Fortis «monte fuerte, fortificado» —la colina de San Vicente que corona la villa—; Lemos conserva el nombre de los lémavos, pueblo galaico prerromano.
Del latín (terram) plantatam «(tierra) plantada o hincada», participio de plantare —el gallego chantar, «clavar»— con el paso pl- > ch-. Se discute si nombra un plantío o una empalizada de estacas hincadas.
De etimología debatida, del latín rota «rueda» con el sufijo -arium: «camino de rodadas», o lugar de artesanos de ruedas, o —por otra vía— un hidrónimo prerromano ligado al correr del agua.
Etimología disputada. La hipótesis dominante deriva el nombre del antropónimo godo Allini o Alini, propietario altomedieval cuya finca quedó fijada en el genitivo latín (villa) Allini. Otros proponen una raíz prerromana lal- sin paralelos firmes.
En Lalín te unes al Camino Sanabrés (la rama gallega de la Vía de la Plata). A partir de aquí compartís el mismo trazado hasta Santiago de Compostela: sigue siendo el camino que sigues para llegar.
Del germánico banda («faja, distintivo de grupo, enseña»), a través del francés antiguo bandiere y el catalán medieval bandera: «enseña, estandarte». El topónimo conmemora probablemente un episodio jurisdiccional medieval —concesión señorial, escudo o privilegio— hoy perdido.
Compuesto transparente: ponte (latín pontem, «puente») + Ulla, hidrónimo prerromano del río que el puente cruza. Ulla tiene etimología disputada: posiblemente preindoeuropea o céltica con raíz hidronímica ul-.
Santiago del latín Sanctus Iacobus, «Santo Jacobo». Compostela tiene dos lecturas: la erudita, del latín compositum «cementerio» (de componere «sepultar»); la popular, alentada por la leyenda jacobea, lee Campus Stellae «campo de la estrella», por los astros que en el siglo IX señalaron al obispo Teodomiro el sepulcro del apóstol.
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