Camino Miñoto Ribeiro
El Camino Miñoto Ribeiro nace de un río de frontera. Cruza a Galicia desde el norte de Portugal por el Miño —el Minius romano, la raya líquida entre dos países que hablan casi la misma lengua— y se interna en O Ribeiro, la comarca donde la viña trepa en bancales, leiras de cepa colgadas sobre el agua.
Comparte su primer tramo con la calzada de la Geira: baja por Lobios y Cortegada hasta Ribadavia, la capital del vino, y sigue por Beade, Leiro y Boborás entre viñedos, con Pazos de Arenteiro —el conjunto de pazos de piedra— como joya del camino. Después cambia de cuenca, sube a la Terra de Montes y cruza a Pontevedra por los Montes do Testeiro.
Al final busca el Ulla: en Vedra se junta con la Vía de la Plata para el último puente y las últimas leguas hasta Santiago. Es el camino del vino y del río, el que sube desde el Miño fronterizo hasta la tumba del Apóstol siguiendo, casi siempre, la orilla.
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No es «lobo». Lobios es el plural de lobio —el emparrado, la parra elevada sobre el camino—, del germánico *laubja «cobertizo, galería». Ya el padre Sarmiento lo aclaró en 1754.
Del latín corticata, sobre cortex «corteza»; el sentido se discute —«lo cubierto de corteza», un cerramiento, o un lugar de descortezar—. Ya Plinio nombró una insula Corticata.
Del latín ripa Aviae, «la ribera del Avia»: la villa en la confluencia del río Avia con el Miño. Avia es hidrónimo prerromano, de la vieja raíz del agua *av-.
Del latín (villa) Beati, «la villa de Beato»: un topónimo de posesor, del nombre latino Beatus «feliz, bienaventurado», sobre una vieja explotación del Ribeiro.
Del gallego leiro «parcela de labranza» (masculino de leira), de una base prerromana *laria: los bancales de viña que tapizan esta ribera del Avia, corazón del Ribeiro.
De etimología no resuelta. La Real Academia Galega propone recuperar la forma Aboborás, que la ligaría a abóbora, «calabaza» —un lugar de calabazares—, pero no hay étimo seguro.
Pazos, del latín palatium «palacio, casa señorial» —el pazo gallego—; Arenteiro, del río, antiguo Argentarium, «el de plata», por sus arenas plateadas.
Topónimo de posesor: del genitivo del antropónimo germánico Viaricus, «(la villa) de Viarico». Es uno de los muchos nombres gallegos en -riz que fijan al dueño de una vieja explotación.
Compuesto transparente: ponte (latín pontem, «puente») + Ulla, hidrónimo prerromano del río que el puente cruza. Ulla tiene etimología disputada: posiblemente preindoeuropea o céltica con raíz hidronímica ul-.
Santiago del latín Sanctus Iacobus, «Santo Jacobo». Compostela tiene dos lecturas: la erudita, del latín compositum «cementerio» (de componere «sepultar»); la popular, alentada por la leyenda jacobea, lee Campus Stellae «campo de la estrella», por los astros que en el siglo IX señalaron al obispo Teodomiro el sepulcro del apóstol.
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