Camino de Muros y Noia

El Camino de Muros y Noia empieza en el mar. Durante siglos, muchos peregrinos del norte de Europa no cruzaban los Pirineos: embarcaban y desembarcaban en los puertos de la Ría de Muros e Noia —⁠Muros, Porto do Son, O Freixo, Noia⁠—⁠, y solo entonces se ponían las botas. Este es su camino: el de los que llegaban a Galicia por agua y remataban a pie.

Dos ramales costeros, el de Muros y el de Porto do Son, se juntan en Noia, la villa que la tradición hace fundada por Noé y que la filología devuelve al agua, a un nombre prerromano de «lugar de lavar». En Noia el Camino da la espalda al mar y tuerce tierra adentro.

Desde allí sube por el Val da Maía —⁠el valle de las aguas, el de los antiguos amaeos⁠— pasando junto a los castros de Brión, cruza Bertamiráns y entra en Santiago por el suroeste, sin pedirle prestado el trazado a ningún otro Camino. Es la ruta más corta y la más salada: la que recuerda que, antes que un destino en tierra, Santiago fue una llegada desde el océano.

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